Colombia atraviesa una crisis humanitaria y ambiental de grandes proporciones debido al frente frío que azota el territorio nacional desde el pasado 1 de febrero. El más reciente balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) revela cifras desgarradoras: entre el 1 y el 9 de febrero, los eventos climáticos han cobrado la vida de 18 personas y han dejado a 58.020 familias damnificadas en 16 departamentos del país. La magnitud del fenómeno se refleja en las 3.991 viviendas totalmente destruidas y las más de 10.300 que presentan averías de consideración.

El departamento de Córdoba se ha convertido en el epicentro de la tragedia. Según el gobernador Erasmo Zuleta, el 80% del departamento se encuentra afectado tras el desbordamiento de los ríos Sinú, Canalete, San Pedro, Uré y San Jorge. El impacto en la infraestructura es masivo, con daños reportados en 160 vías, 24 puentes vehiculares y 52 centros educativos. Además, se estima que cerca de 157.000 hectáreas de cultivos se han perdido, lo que representa un golpe contundente a la economía rural y a la seguridad alimentaria de la región.

Ante la gravedad de la situación, la respuesta internacional no se ha hecho esperar. El papa León XIV, durante su Audiencia General, envió un mensaje de solidaridad instando a la comunidad global a sostener con caridad y oración a las víctimas. En el terreno, la UNGRD ha movilizado más de 70 toneladas de asistencia humanitaria hacia Córdoba y se espera que desde Bogotá lleguen cargamentos adicionales para completar 223 toneladas de suministros. A pesar del despliegue de kits de aseo, colchonetas y alimentos, la situación sigue siendo crítica en municipios como Montería y Canalete, donde el agua aún no da tregua a miles de colombianos que lo han perdido todo.

 

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