La tensión en Oriente Próximo ha alcanzado un punto de ruptura histórico este sábado 28 de febrero de 2026, tras una operación militar conjunta sin precedentes lanzada por Estados Unidos e Israel contra múltiples objetivos en territorio iraní. La ofensiva, denominada por fuentes israelíes como “Furia Épica”, tuvo como blancos principales instalaciones nucleares, bases de misiles balísticos y centros de comando de la Guardia Revolucionaria en Teherán y otras doce ciudades. El presidente estadounidense, Donald Trump, justificó la acción como una “misión noble” necesaria para impedir que Irán obtenga un arma nuclear, mientras que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró que la campaña busca eliminar una “amenaza existencial” para su país.
La magnitud del ataque ha generado una tragedia civil inmediata y un temor generalizado a una guerra regional total. Autoridades de la República Islámica denunciaron el impacto de proyectiles contra infraestructura civil, incluyendo una escuela femenina en la provincia de Hormozgan, donde se reporta la muerte de al menos 63 personas, la mayoría de ellas niñas. Además, fuentes israelíes y regionales confirmaron la muerte del ministro de Defensa iraní, Amir Nasirzadeh, y del comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour. El régimen de Teherán ha confirmado ataques en las inmediaciones de la residencia del líder supremo, Alí Jameneí, aunque se desconoce el estado de salud de la cúpula política iraní.
En respuesta inmediata a la agresión, Irán activó su “gasoducto virtual” de represalias, lanzando oleadas de misiles balísticos y drones contra instalaciones estratégicas de Estados Unidos en la región. Se reportaron explosiones y daños en bases militares estadounidenses situadas en Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. La Guardia Revolucionaria iraní también confirmó el lanzamiento de proyectiles hacia Jerusalén y otras áreas de Israel. Como contramedida económica contundente, Teherán amenazó con bloquear el estrecho de Ormuz, una ruta marítima crucial por la que transita cerca del 20% del crudo mundial, lo que provocó que los precios del petróleo Brent se dispararan por encima de los 100 dólares por barril, generando pánico en los mercados financieros globales.
La comunidad internacional ha reaccionado con alarma extrema, haciendo un llamado desesperado a la desescalada ante el riesgo de una catástrofe mayor. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, condenó la escalada militar de ambas partes y pidió un cese inmediato de hostilidades, advirtiendo que “los civiles pagan el precio más alto”. Por su parte, la Unión Europea, a través de una declaración conjunta de sus líderes, instó a la máxima moderación y al respeto del derecho internacional. En contraste, el gobierno canadiense, liderado por Mark Carney, expresó su respaldo a la acción de Estados Unidos e Israel, calificando a Irán como “la principal fuente de terror e inestabilidad en Oriente Próximo”. Rusia, por su parte, denunció los ataques como una “peligrosa aventura” de Washington y Tel Aviv.
La situación sobre el terreno es caótica y evoluciona minuto a minuto. El espacio aéreo en la región ha sido cerrado por múltiples naciones, provocando la cancelación masiva de vuelos de aerolíneas internacionales como Air France, Lufthansa, Emirates y Qatar Airways. En Israel, se ha declarado el estado de emergencia, con el cierre de escuelas y lugares de trabajo, mientras se insta a la población a permanecer cerca de refugios subterráneos. Francia ha solicitado una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para intentar frenar la escalada, en un momento en que el mundo contiene el aliento ante el abismo de un conflicto prolongado y devastador.
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