El panorama para la infancia rural en Sonsón es crítico. Según un diagnóstico de la Facultad Nacional de Salud Pública de la U. de A., cerca de 300 estudiantes de nueve sedes educativas rurales conviven a diario con la aplicación de sustancias tóxicas. El hallazgo más alarmante es que el 55% de las escuelas reportan percibir olores a veneno durante las clases, lo que confirma una exposición directa y constante. La investigación identificó que en los alrededores de los colegios se usan 51 plaguicidas diferentes, la cifra más alta registrada en todo el departamento de Antioquia, superando con creces a otros municipios agrícolas.

El principal responsable de este uso masivo es el monocultivo de aguacate, que utiliza el 70% de los químicos detectados. Lo preocupante es que más de la mitad de estos productos entran en la categoría de Plaguicidas Altamente Peligrosos (PAP), sustancias que a largo plazo pueden generar problemas respiratorios, hormonales y del desarrollo en menores de edad. Este estudio no es un caso aislado, sino parte de una estrategia de la Gobernación para entender por qué han aumentado los brotes de intoxicación masiva en los colegios rurales del departamento en los últimos años.

Ante esta realidad, la academia y la Secretaría de Salud exigen la aplicación del principio de precaución. Esto significa que no se debe esperar a que los niños se enfermen gravemente para actuar. Se proponen soluciones urgentes: desde establecer horarios de fumigación que no coincidan con las clases, hasta crear franjas de amortiguamiento (barreras vegetales) entre los cultivos y las escuelas. El reto para Sonsón es demostrar que su éxito exportador de aguacate puede convivir con la protección del derecho a un ambiente sano para sus futuros ciudadanos.

 

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