Colombia enfrenta una crisis silenciosa en la salud pública: el 59 % de su población no duerme bien. Según datos de la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño, la prevalencia de estos trastornos ha llevado a que más del 40 % de los ciudadanos recurra a medicación para intentar descansar. Sin embargo, lo que muchos consideran una simple “mala noche” es en realidad un factor de riesgo mayor para enfermedades crónicas. Estudios científicos recientes vinculan directamente la mala calidad del sueño y la apnea obstructiva con el aumento de la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, las arritmias cardíacas y los accidentes cerebrovasculares (ACV).

 

La doctora Johana Valderrama, neuróloga del Hospital San Vicente Fundación, enfatiza que el sueño no es un estado pasivo, sino un proceso biológico de reparación esencial. Durante la noche, el cerebro activa un sistema de “limpieza” de metabolitos como el beta-amiloide, cuya acumulación está ligada al Alzheimer. Cuando este proceso se interrumpe por condiciones como el Síndrome de Apnea-Hipopnea Obstructiva del Sueño (SAHOS), el cuerpo entra en un estado de desregulación cardiometabólica e inflamación crónica. En pacientes que ya han sufrido un ACV, la presencia de apnea (detectada en hasta el 63 % de los casos) empeora drásticamente el pronóstico de recuperación funcional y aumenta la mortalidad.

 

El impacto físico de no dormir es devastador para el sistema cardiovascular. En la apnea del sueño, las pausas respiratorias reducen el oxígeno en la sangre, obligando al corazón a trabajar bajo una presión extrema. El estudio internacional The Sleep Heart Health Study reveló que las arritmias ventriculares complejas son casi el doble de frecuentes en personas con trastornos del sueño (25 %) frente al resto de la población. A esto se suma que el insomnio crónico altera las hormonas que regulan el hambre y el azúcar, facilitando el desarrollo de obesidad y diabetes, creando un círculo vicioso que sobrecarga el sistema de salud.

 

Ante este panorama, el Hospital San Vicente Fundación ha fortalecido su Laboratorio del Sueño y Neurofisiología, el cual opera las 24 horas realizando estudios de polisomnografía. Entre 2023 y 2025, la institución atendió a más de 3.200 personas por estas patologías, evidenciando una demanda creciente de diagnósticos precisos. Los especialistas insisten en que síntomas como el ronquido intenso, la fatiga diurna constante o las pausas respiratorias nocturnas no deben normalizarse, sino que deben ser motivo de consulta médica inmediata para evitar desenlaces fatales a largo plazo.

Dormir entre seis y ocho horas no es un lujo, es una necesidad biológica que hoy se ve amenazada por el estrés y el uso excesivo de pantallas. La invitación en este Día Mundial del Sueño es a entender que un buen descanso puede ser la medicina más efectiva y económica para proteger el corazón y el cerebro. La detección temprana no solo mejora la calidad de vida diaria, sino que redefine el pronóstico de salud de toda una nación que, según las cifras, necesita urgentemente cerrar los ojos y descansar de verdad.

 

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