En una jornada marcada por el simbolismo y la estética de la cultura pop, la abogada Sondra Macollins Garvin oficializó este miércoles su candidatura a la Presidencia de Colombia de una manera poco convencional. Luciendo el icónico traje rojo y la máscara de Salvador Dalí, famosos por la serie española «La casa de papel», Macollins irrumpió en la Registraduría Nacional en Bogotá. Según la candidata, esta elección de vestuario no es un simple acto publicitario, sino una representación de los ciudadanos “invisibles y anónimos” que buscan recuperar el poder frente al sistema tradicional.
Acompañada por su fórmula vicepresidencial, el también abogado Leonardo Karam Helo, y una multitud de simpatizantes uniformados bajo la misma estética, Macollins presentó el respaldo de más de un millón de firmas recolectadas desde principios de año. Autodenominada como «La mujer de hierro», su discurso se centró en la justicia y los derechos humanos, con una plataforma que promete combatir con rigor la delincuencia callejera y los delitos informáticos, áreas donde asegura que el Estado ha fallado a la ciudadanía.
A pesar de su actual baja intención de voto en las encuestas (inferior al 1%), Macollins no es una desconocida en los tribunales de alto perfil. Su trayectoria jurídica incluye la defensa de personajes sumamente controvertidos, como David Murcia Guzmán, cerebro de la pirámide DMG, y el exnarcotraficante Carlos Lehder. Recientemente, ganó notoriedad mediática al liderar la queja disciplinaria de Murcia contra el también candidato presidencial Abelardo de la Espriella, a quien acusan de un supuesto timo millonario ocurrido hace dos décadas.
Además de representar a figuras del pasado criminal del país, Macollins ha asumido causas internacionales complejas, como la defensa de los exmilitares colombianos implicados en el magnicidio del presidente de Haití, Jovenel Moise. Esta mezcla de activismo judicial y defensa de casos “imposibles” es lo que, según ella, la faculta para ser la «Voz de la justicia» en un país sediento de reformas legales profundas.
Con esta inscripción, el abanico electoral para el próximo 31 de mayo se diversifica aún más. Mientras los partidos tradicionales consolidan alianzas —como la posible unión entre Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo—, figuras independientes como Macollins apuestan por el impacto visual y el descontento social para intentar dar una sorpresa en las urnas. El tiempo dirá si la máscara de Dalí logra conectar con el electorado o si se quedará como una anécdota cromática en la historia de las presidenciales de 2026.
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