La Escuela Normal Superior de Rionegro ha vivido uno de sus momentos más emotivos en su historia reciente. A través de un sentido comunicado, estudiantes, egresados y docentes se despidieron de la planta física que albergó sus aulas durante años. Más que una estructura de ladrillos, esta sede representó el primer peldaño en la vocación de miles de educadores del Oriente antioqueño, quienes hoy recuerdan con cariño las risas en los pasillos y las lecciones que trascendieron los tableros para convertirse en amistades de por vida.

La transición marca el cierre de un ciclo pedagógico y simbólico. Aunque la infraestructura física cambia, la institución enfatizó que la esencia de la Normal —basada en la formación de formadores y el compromiso social— permanece intacta en el corazón de quienes pasaron por sus salones. Esta despedida no es vista como un final, sino como el traslado de una historia viva hacia nuevos espacios que permitan seguir cultivando la excelencia académica que caracteriza a Rionegro.

 

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