La diplomacia colombiana ha entrado en una fase de tensión directa con la Casa Blanca tras la oficialización del acuerdo firmado el pasado 5 de marzo en la sede del Comando Sur en Florida. Bajo el liderazgo de Pete Hegseth, secretario de Guerra de EE. UU., se consolidó una coalición que agrupa a naciones como Argentina, Ecuador, El Salvador y Paraguay, pero que dejó por fuera a los dos actores principales de la cadena del narcotráfico en la región: Colombia y México. Petro, desde Europa, calificó esta movida como una “coalición política” más que operativa, señalando que se está ignorando la capacidad técnica de un país que ha logrado incautar cifras récord en los últimos años.
El presidente defendió con vehemencia los resultados de su administración, asegurando que Colombia ha incautado 3.300 toneladas de cocaína mediante operaciones de inteligencia “sin matar a nadie”. Petro cuestionó la “desertificación” (la descalificación de EE. UU. a la lucha antidrogas de un país) en un momento donde la eficacia policial colombiana, según sus datos, es la más alta de la historia. Para el jefe de Estado, resulta contradictorio que 75 naciones del mundo utilicen inteligencia colombiana para sus operativos, mientras que en el continente se gestan alianzas con países “débiles y sin experiencia” en el enfrentamiento directo a las estructuras transnacionales de la cocaína.
La formación del llamado “Escudo del Sur” en Miami es vista por analistas como un giro hacia políticas de seguridad de línea dura, priorizando a gobiernos con afinidades ideológicas con la actual administración Trump. Sin embargo, Petro advirtió que la ausencia de los países productores y de tránsito mayoritario condena la estrategia al fracaso. “No fuimos a Miami… no critico las coaliciones políticas, pero con países pequeños y sin experiencia, ese escudo lo van a agujerear”, sentenció, sugiriendo que la logística de los carteles superará fácilmente una barrera que no cuenta con la información de campo que poseen las autoridades colombianas.
Mientras el Gobierno Nacional busca reposicionar su narrativa de “seguridad humana” e inteligencia sobre la represión militarizada en escenarios internacionales como Viena, la realidad en el territorio colombiano sigue siendo compleja con bombardeos recientes a campamentos de disidencias en Ituango. El distanciamiento entre Bogotá y Washington en materia de narcopolítica parece profundizarse, marcando un hito en la relación bilateral de 2026. Colombia insiste en que no se puede “irradiar la experiencia” para combatir la cocaína al resto del planeta si se le excluye de las mesas donde se toman las decisiones estratégicas del hemisferio.
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