La guerra en Oriente Medio alcanza este jueves 5 de marzo de 2026 su sexta jornada con una peligrosa expansión de los frentes de combate y un saldo humanitario desolador. Según el último reporte de la agencia HRANA, la cifra de civiles fallecidos en Irán ya supera los mil, mientras las explosiones no cesan en Teherán y la aviación israelí mantiene bajo fuego los cuarteles de Hizbulá en Beirut y el norte de Líbano. En un movimiento que profundiza la crisis regional, Irán anunció ataques contra grupos kurdos en el norte de Irak, una represalia directa tras los diálogos del presidente Donald Trump con líderes de esa zona sobre las bases estadounidenses en territorio iraquí.
En el ámbito marítimo, la tragedia ha cobrado dimensiones internacionales tras el hundimiento de la fragata iraní IRIS Dena en aguas cercanas a Sri Lanka. La marina ceilandesa confirmó la recuperación de 84 cadáveres tras el impacto de un torpedo lanzado por un submarino de Estados Unidos contra el buque, que transportaba a 180 personas de regreso de unos ejercicios militares en la India. Este incidente, sumado a una gran explosión reportada frente a las costas de Kuwait en el Golfo Pérsico, ha puesto en jaque el comercio energético mundial y el tránsito por el estratégico estrecho de Ormuz, elevando las alarmas sobre la seguridad en las rutas navales.
La diplomacia global intenta reaccionar ante una escalada que parece no tener techo, con China emergiendo como un actor clave en la búsqueda de una salida negociada. El gobierno de Xi Jinping, socio estratégico de Irán y principal afectado por la inestabilidad en el suministro de energía, anunció el envío de un mediador especial a la región para intentar frenar las hostilidades. Por su parte, el tono de los aliados occidentales ha comenzado a cambiar; el primer ministro canadiense, Mark Carney, quien inicialmente criticó a Washington por actuar de espaldas a sus socios, admitió por primera vez que Canadá no descarta una participación activa si la situación continúa agravándose.
La economía global ya siente el impacto de la prolongación del conflicto, lo que llevó a la directora del FMI, Kristalina Georgieva, a advertir desde Bangkok sobre un potencial desajuste en los precios de la energía y un repunte de la inflación a nivel mundial. A pesar de estas sombrías proyecciones, los mercados asiáticos mostraron una leve señal de resiliencia este jueves; tras la caída histórica del miércoles, la Bolsa de Seúl repuntó un 9,63 % y el Nikkei de Tokio también registró recuperaciones, reflejando la volatilidad y la esperanza de los inversores ante los posibles esfuerzos de mediación liderados por Pekín.
Mientras tanto, la tensión entre Irán y Turquía se mantiene en un punto crítico tras la interceptación por parte de la OTAN de un misil balístico que sobrevolaba territorio turco. Aunque Teherán emitió un comunicado oficial negando cualquier ataque intencionado y reafirmando su respeto por la soberanía de Ankara, la caída de restos de munición antiaérea en el sur de Turquía ha encendido las alarmas en la alianza atlántica. Con cada hora que pasa, la ventana para una desescalada parece cerrarse, mientras el mundo observa con angustia cómo una guerra iniciada hace menos de una semana amenaza con reconfigurar el orden político y económico de todo el planeta.
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