La política de seguridad para el hemisferio occidental ha dado un giro radical hacia la militarización. Este jueves 5 de marzo de 2026, en la sede del Comando Sur (Southcom) en Doral, Florida, Estados Unidos selló una alianza estratégica con casi 20 naciones latinoamericanas y caribeñas para declarar una guerra frontal contra los grupos “narcoterroristas”. El acuerdo, sin embargo, nace con una grieta diplomática profunda: Colombia, México y Brasil, los países con mayor peso en la lucha contra las drogas y las economías más grandes de la región, no formaron parte de la mesa.


Los pilares del acuerdo y la “doctrina ISIS”

El secretario Pete Hegseth y el asesor de seguridad de la Casa Blanca, Stephen Miller, trazaron una hoja de ruta que asimila a los carteles de la droga con organizaciones terroristas globales:

  • Cooperación Multilateral: Intención de ampliar patrullajes conjuntos y asegurar infraestructura crítica en las fronteras.

  • Ofensiva Militar: Hegseth advirtió que Washington está listo para lanzar operaciones en solitario si es necesario, instando a sus aliados a unirse a la “ofensiva”.

  • Equiparación con el Terrorismo: Miller pidió combatir a los narcotraficantes con la misma contundencia que a grupos como Al-Qaeda, vinculando además la inmigración ilegal con una “forma de terrorismo”.


Un mapa dividido: “Escudo de las Américas”

La exclusión de las potencias regionales no es casual. La conferencia reunió a gobiernos descritos por Washington como “con ideas afines”, entre ellos Argentina, El Salvador, Ecuador y Paraguay. Este encuentro sirve de antesala para la cumbre “Escudo de las Américas”, que el presidente Donald Trump encabezará este sábado en Miami junto a mandatarios de la derecha latinoamericana.

La ausencia de Colombia es especialmente significativa, dado que el país ha sido históricamente el principal aliado de EE. UU. en la región para estos temas. Sin embargo, el enfoque de la administración Trump, que incluye el bombardeo de embarcaciones en el Pacífico (operación “Lanza del Sur”) y operaciones directas como la realizada recientemente en Ecuador, marca una distancia insalvable con la política de las actuales administraciones en Bogotá, Ciudad de México y Brasilia.

“Estamos listos para promover la paz a través de la fuerza. El narcoterrorismo es una amenaza existencial para el hemisferio y lo enfrentaremos como tal”, sentenció Hegseth durante la lectura de la declaración conjunta.

Este nuevo bloque de seguridad promete reconfigurar las relaciones militares en el continente, priorizando la acción directa y el control fronterizo sobre los esquemas de cooperación tradicionales. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela cómo esta “ofensiva militar” podría impactar la soberanía de las naciones que no suscribieron el acuerdo.

 

Loading

Comentarios