Con una inversión de 164 mil millones de pesos y un plazo estimado de 12 meses, el Gobierno Nacional puso en marcha este 24 de abril un plan de choque para ampliar la capacidad operativa del principal terminal aéreo de Antioquia. El proyecto busca responder al crecimiento sostenido de pasajeros y mejorar las condiciones de servicio en una infraestructura que desde hace años opera al límite.
La intervención permitirá pasar de 24 a 38 vuelos por hora, un salto significativo que apunta a descongestionar la operación aérea. Además, la capacidad anual del aeropuerto aumentará de 11 millones a 17 millones de viajeros, en un contexto en el que el flujo ya había crecido de 8 a 13,6 millones en los últimos años, evidenciando una presión constante sobre la terminal.
El proyecto es liderado por la Agencia Nacional de Infraestructura y ejecutado por el concesionario Airplan, e incluye 11 obras principales con 15 intervenciones en puntos críticos como el check-in, filtros de seguridad y plataforma de aeronaves.
Entre las obras más relevantes se encuentra la construcción de una nueva sala de espera nacional de 2.150 metros cuadrados con seis puertas de embarque, así como la ampliación del área de registro de pasajeros, que pasará de 56 a 80 módulos. También se contempla una sala remota nacional, una nueva zona de reclamo de equipaje y un centro de conexiones que permitirá mejorar los tiempos de tránsito dentro del aeropuerto.
El plan incluye además una nueva plataforma con seis posiciones adicionales para parqueo remoto de aeronaves, lo que permitirá optimizar la operación en tierra. A esto se suman ajustes en las áreas de inmigración y emigración, adecuaciones en salas existentes, la construcción de un edificio para manejo de equipajes y la incorporación de tecnología para su control.
Desde el Gobierno, la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, aseguró que se trata de una intervención largamente necesaria. Según indicó, estas obras no solo buscan mejorar la experiencia de los usuarios, sino también las condiciones laborales dentro del aeropuerto, dejando además abierta la posibilidad de futuras inversiones.
Precisamente, uno de los anuncios que genera expectativa es la eventual construcción de una segunda pista, una alternativa que empieza a tomar fuerza ante el incremento sostenido de viajeros y que podría redefinir el papel estratégico del aeropuerto en el sistema aéreo nacional.
Aunque el proyecto representa un avance clave para la infraestructura regional, también plantea retos importantes. La ejecución en un plazo corto exigirá una coordinación rigurosa para evitar afectaciones mayores en la operación diaria, mientras que el crecimiento proyectado pone sobre la mesa la necesidad de planificar a largo plazo y no solo responder con medidas de contingencia.
Con estas obras, el aeropuerto de Rionegro busca ponerse al día frente a una demanda que no deja de crecer. Sin embargo, el verdadero desafío será garantizar que esta expansión no se quede corta en pocos años, en una región donde la conectividad aérea se ha convertido en un factor clave para el desarrollo económico y turístico.
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