Este miércoles 4 de marzo de 2026, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, marcó una distancia tajante frente a la escalada bélica en Irán. Invocando el histórico lema del «No a la guerra» que movilizó a España durante la invasión de Irak en 2003, Sánchez advirtió que su administración no participará ni respaldará una ofensiva que considera “mala para el mundo”. La declaración se produce en un momento de máxima tensión, luego de que el presidente de EE. UU., Donald Trump, amenazara con imponer duras sanciones y cortar el comercio con aquellas naciones que no se alineen con la coalición liderada por Washington e Israel.
Sánchez fue enfático al recordar las lecciones del pasado, señalando que Estados Unidos ya “arrastró” a Europa a un conflicto en 2003 bajo premisas falsas sobre armas de destrucción masiva. Según el mandatario, aquel episodio —liderado por el llamado “trío de las Azores” (Bush, Blair y Aznar)— solo trajo consigo una oleada de inseguridad, terrorismo y desestabilización económica. “España no será cómplice solo por el miedo a las represalias de alguno”, sentenció, en una clara alusión a las advertencias de Trump, a quien evitó nombrar directamente pero cuyas políticas de presión económica han puesto en alerta a la Unión Europea.
La postura de España, según detalló el presidente, se fundamenta en el respeto estricto al derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Mientras la Fuerza Aérea de Israel intensifica sus ataques a gran escala sobre Teherán, España se posiciona como una de las voces disidentes dentro de la OTAN, abogando por la convivencia pacífica y el retorno a la diplomacia. Sánchez reafirmó que el compromiso del país está con los principios fundacionales de la UE, priorizando la estabilidad global por encima de las alianzas militares que, a su juicio, repiten los errores estratégicos de principios de siglo.
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