Oct 24, 2026

De moda social a fenómeno deportivo: la radiografía del boom del pádel en el Oriente Antioqueño

En 1969, en Acapulco, México, nació un deporte casi por accidente. Enrique Corcuera, aficionado al tenis, no tenía espacio suficiente en su casa para construir una cancha convencional. Decidió entonces adaptar el terreno disponible: levantó muros, redujo las dimensiones y puso una red en el centro. Sin saberlo, acababa de crear la primera pista de pádel.

Desde México, el deporte comenzó a viajar. En los años 70 llegó a España y Argentina, dos países fundamentales para su posterior desarrollo y expansión internacional. En 1991 se creó la Federación Internacional de Pádel, dando paso a una etapa de mayor organización y crecimiento del deporte.

Décadas después, el pádel llegó a Colombia, y Antioquia estuvo muy temprano en esa historia. Precisamente en 2013, cuando este deporte todavía era prácticamente desconocido para la mayoría de los colombianos, el periódico El Espectador contaba la historia de Héctor Delgado, un entrenador de tenis que, junto a un inversionista antioqueño que había vivido varios años en España, decidió construir una cancha de pádel en una finca ubicada en La Estrella. El diario la identificaba entonces como la única pista existente en el País.

Fuentes periodísticas ubican hacia 2015 la llegada del pádel a Colombia, y señalan 2018 como un momento importante en la aparición de clubes especializados y en la expansión del deporte en Medellín y Antioquia.

Más de una década después, aquella escena resulta difícil de reconocer. El pádel dejó de ser una curiosidad deportiva para convertirse en una práctica que reúne jugadores de diferentes edades, clubes, entrenadores, torneos y una creciente industria alrededor de las pistas. Y si hay un lugar donde ese crecimiento parece evidente es el Oriente Antioqueño.

Hoy el territorio reúne más de diez clubes y más de 30 pistas, una expansión que plantea una pregunta inevitable: ¿qué tiene el Oriente Antioqueño para que el pádel haya encontrado un terreno fértil para crecer?

La respuesta no aparece solamente en la alfombra. Está también en quienes las construyeron, en quienes comenzaron a jugar, en quienes encontraron en este deporte una nueva forma de competir y relacionarse, y, sobre todo, en una comunidad que crece partido tras partido.

Ahí comienza el verdadero fenómeno.

Un motor clave en la “ola verde” de Antioquia. Para dimensionar el impacto en la subregión, es necesario mirar el mapa departamental. Antioquia vive un auge sin precedentes con más de 30 clubes de pádel, y una red que ya supera las 150 pistas en el área metropolitana y otros municipios. En ese ecosistema, el Oriente Antioqueño no sólo se queda atrás, sino que se posiciona como el epicentro de expansión campestre y de estilo de vida, concentrando una porción representativa de la infraestructura de todo el territorio antioqueño.

Entrenadores y practicantes en el Oriente Antioqueño lideran la transición de esta disciplina: el reto ya no es solo alquilar canchas, sino consolidar academias, escuelas formativas y torneos que aseguren el futuro de este deporte y formen a las nuevas generaciones de “padeleros” nativos.

De los pioneros a la aceleración: ¿Por qué el Oriente?

Para entender este despliegue, hay que remontarse a finales de 2019, cuando referentes del tenis en Colombia vieron la subregión un espacio ideal. “Nosotros arrancamos con las primeras canchas hacia finales de 2019 y principios de 2020. En este momento, el concepto era nuevo en el Oriente, pero vimos que las dinámicas del territorio favorecían la práctica”, señala Alejandro Falla, extenista profesional, y fundador del Centro Deportivo Alejandro Falla en Llanogrande.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión ocurrió entre 2024 y 2025, cuando la apertura de escenarios se multiplicó. Para Juan David Ramírez, cofundador de Santo Padel Club en San Antonio de Pereira, y Mauricio Valencia, socio de Lapala Club en Llanogrande, la transformación demográfica jugó un papel clave. “La migración de familias e inversionistas desde Medellín, buscando tranquilidad, sumada a la búsqueda de espacios saludables al aire libre, generó la atmósfera perfecta para que el pádel prendiera con tanta fuerza”, concuerdan Ramírez y Valencia.

El ADN de un enganche colectivo; fácil de jugar y divertido de compartir

¿Qué diferencia al pádel de otras disciplinas para haber logrado esta masificación acelerada? Quienes conviven a diario con las palas, coinciden en dos pilares fundamentales: la accesibilidad técnica y el factor social.

A diferencia del tenis, que exige meses de técnica básica para sostener un rally fluido, el pádel permite que cualquier persona, independientemente de su edad o condición física previa, mantengan un peloteo atractivo desde los primeros 15 minutos de clase. “Es un deporte entre risas. Uno entra a la cancha a competir, pero el ambiente fuera de ella es igual o más importante. El tercer tiempo, tomarse algo al terminar, y la vida social del club son el alma del pádel”, comenta Juan David Ramírez.

A esto se le suma una dinámica familiar atípica. El profesor Pablo Razeto, líder de Pádel Oriente Academia, destaca como el flujo de integración familiar se dio a la inversa de lo tradicional: “habitualmente son los niños los que llevan a los padres a los deportes. En el pádel ocurrió lo contrario: fueron los adultos de 30 a 50 años los que se enamoraron del juego y invitaron progresivamente a sus hijos y parejas, convirtiéndolo en un hábito familiar semanal”.

La paradoja del mercado: ¿sobreoferta o maduración?

No obstante, la proliferación masiva de canchas, tanto en el Valle de Aburrá como en el Oriente, plantea desafíos para la sostenibilidad financiera de los recintos. Falla y Razeto advierten sobre un fenómeno claro: la infraestructura creció en cierto punto, más rápido que la base sólida de deportistas habituales. “En las tardes y fines de semana la ocupación es altísima, pero en las mañanas y horas pico intermedias quedan canchas frías”, señala Falla. “El reto del sector es evitar una burbuja como la que ocurrió en su momento con algunas canchas sintéticas de fútbol. No basta con alquilar la pista; hay que crear cultura deportiva, torneos constantes y escuelas”.

El futuro: sembrar la cantera del Oriente Antioqueño

Para que el pádel pase de ser una tendencia social a una disciplina deportiva consolidada, la mirada está puesta en la formación de la base. Con el respaldo de la Liga Antioqueña de Pádel y la Federación Colombiana, los clubes de la región están mirando hacia un modelo centrado en academias juveniles e infantiles. “Estamos viviendo la transición. Hoy, la mayoría de los mejores jugadores son extenistas que adaptaron su golpe. Pero en tres o cinco años veremos competir la primera generación de padeleros nativos, jóvenes de 12 a 15 años formados 100% en paredes de cristal y tapetes sintéticos”, sintetiza el profe Pablo.

Con sus 36 pistas en marcha y formando parte del gran ecosistema antioqueño con más de 150 canchas, el Oriente Antioqueño no solo abrazó el pádel: se consolidó como el gran pulmón deportivo de la región, demostrando que, entre el cristal, mallas y amigos, se construye el futuro de esta disciplina.

 

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